Cuando un chupete pide presencia
Hace unos días observé por la calle una escena que me hizo pensar.
Una mamá caminaba con su hijo sentado en el carrito. El niño tendría alrededor de año y medio y lloraba de esa manera que te hace intuir que no hay dolor ni pena profunda, sino enfado. Berreaba con el chupete en la mano, como ofreciéndoselo a su madre.
Ella, con los auriculares puestos, hablaba por teléfono y decía:
“Me está dando el chupete para que se lo ponga en la boca. A ver si se cree que soy tonta, que no me doy cuenta. Sí, sí, se cree que no me doy cuenta”.
Hasta ahí, la escena.
Analicemos lo que ha ocurrido
La madre sabe perfectamente que la conducta del niño no tiene sentido: él ya puede ponerse el chupete solo. Ante eso, decide ignorarlo, esperando que el niño se dé cuenta y deje de hacerlo.
Pero si nos ponemos en el lado del niño…
¿Qué está reclamando?
Está reclamando atención y cariño.
El chupete, a esa edad, es algo muy serio: calma, consuela, representa seguridad. El niño no solo quiere el chupete, quiere que mamá se lo ponga, que sea ella quien le ayude a calmarse.
Claro que sabe hacerlo solo, pero necesita que mamá participe, que le dedique atención amorosa. Y lo pide como saben hacerlo los bebés: llorando.
¿Qué recibe el niño cuando mamá le ignora?
Recibe desatención.
Es como si mamá le dijera: “No te atiendo, no eres importante para mí. Ahora es más importante mi conversación”.
El niño percibe que mamá desconfía de él, que le atribuye intenciones que no tiene. Quizás no entiende las palabras, pero sí siente que mamá habla de él, y no de forma amable.
No hay mirada, no hay contacto, no hay atención. Y eso duele. Probablemente por eso el niño insiste en esa conducta absurda: está pidiendo conexión.
🌱 ¿Qué podría hacer mamá?
Mamá no quiere que el niño siga reclamando, porque entiende que ya es mayor, incluso un poco mayor para llevar chupete.
Pero podría atenderle desde la comprensión, no desde la desconfianza.
Podría parar la conversación un momento y decirle con voz cálida:
“Póntelo tú, que te lo sabes poner muy bien. A ver, a ver… ¡Muy bien! ¡Qué mayor eres, que lo haces tú solo!”
Con ese gesto le transmite:
- Te atiendo.
- Te quiero.
- Me alegro de tus logros.
- Y aunque seas independiente, sigo aquí para ti.
- Estoy presente para tí
Además, le muestra que es importante: “Paro mi conversación para atenderte”.
Crianza con presencia
Una pequeña diferencia, un gran mensaje
Con un detalle tan pequeño podemos transmitir dos mensajes opuestos:
| Actitud | Mensaje que recibe el niño |
|---|---|
| Ignorar | “No eres digno de atención, no eres importante.” |
| Atender con cariño | “Eres importante, me alegro de tus éxitos, confío en ti.” |
Ponernos en la piel de un niño
A veces, un gesto tan pequeño como poner un chupete contiene una gran lección sobre el vínculo en la crianza.
Un niño no siempre llora por el chupete, sino por la presencia. Por esa mirada que dice: “te veo, te atiendo, eres importante para mí.”
En la crianza ignorar no enseña independencia; enseña desatención. Atender con cariño enseña confianza, autonomía y amor. No cuesta tanto mirar con ojos de infancia y dejar a un lado nuestras desconfianzas de adultos.
Si lo hacemos, estaremos construyendo un mundo más amable, más seguro y más humano.